Mateo Robles no era un jornalero. Era el fundador y accionista mayoritario de un grupo valorado en cientos de millones, dueño de aserraderos, viveros y plantas de biomasa en España y Portugal.
Lucía lo miró, herida.
—Me dijiste que trabajabas en el monte.
—Trabajo en el monte.
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—No me dijiste quién eras.
Mateo bajó la voz.
—Y tampoco sabía hasta anoche que tú eras la hija de Clara Valcárcel.
Álvaro miró la pieza de latón sobre la mesa.
—La ficha 27. Creíamos que se había perdido.
Beatriz palideció.
Porque ella sí sabía lo que significaba.
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PARTE 3
Lucía no miró primero a Mateo.
Miró a Beatriz.
La reacción de su madrastra había sido demasiado rápida. No era sorpresa. Era miedo.
—¿Qué sabes de esta pieza?
Beatriz cruzó los brazos.
—Nada. Una chatarra vieja.
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Álvaro Serrano abrió la carpeta de cuero.