—He venido a pedirte perdón sin grabarlo.
Lucía la dejó entrar.
Hablaron durante 2 horas. No arreglaron 16 años en una tarde, pero por primera vez ninguna intentó ganar.
Beatriz nunca pidió perdón. Sus mensajes solo hablaban de abogados, porcentajes y sacrificios. Lucía dejó de responder.
Mateo, en cambio, hizo algo más difícil que regalar flores: esperó.
Cuando quería verla, preguntaba. Cuando una decisión afectaba a la finca, enviaba la documentación. Cuando Lucía decía que no, el tema terminaba ahí.
3 meses después, ella apareció en la casa de piedra mientras Mateo partía leña.
Llevaba la ficha 27 colgada de una cadena.
—Mi abogada dice que puedo conservar las acciones, separar mi patrimonio y seguir casada si quiero.
Mateo dejó el hacha.
—¿Y qué quieres?
—Saber quién eres cuando no estás escondido detrás de una chaqueta rota ni de un consejo de administración.