Beatriz mantuvo la barbilla alta.
—¿Y qué quieres? Tú no hiciste nada para ganar esas acciones.
Lucía apretó la ficha.
—Tú tampoco.
Nuria se apartó de su madre.
Beatriz miró entonces a Mateo y suavizó la voz.
—Esto puede arreglarse. Si Lucía es accionista y usted controla el grupo, la familia puede llegar a un acuerdo.
Mateo la cortó.
—No negocie conmigo lo que pertenece a su hija.
—Es su esposa.
—Precisamente por eso no hablaré por ella.
Aquella frase no borraba que Mateo hubiera ocultado su identidad, pero Lucía notó la diferencia: él podía usar su poder y, por primera vez aquella mañana, eligió no hacerlo.
Álvaro anunció que la compañía suspendería cualquier operación relacionada con la finca hasta revisar los documentos. Los abogados ya habían solicitado una auditoría independiente.
Beatriz estalló.
—¡Esto es una encerrona!
—No —dijo Lucía—. Una encerrona fue sentarme durante meses a una mesa donde todos me repetíais que yo destruía a la familia por negarme a firmar.