Salí de la iglesia con el vestido lleno de barro y 30 invitados riéndose mientras mi madrastra sonreía.-tete

—Hice lo necesario.

A Lucía le faltó el aire.

Durante años había creído que su madre solo había dejado una finca difícil de mantener y una caja de fotografías. Beatriz le había repetido que Clara era idealista y mala con el dinero.

Ahora descubría que le había dejado precisamente un futuro.

—¿Dónde fue el dinero?

Mateo respondió:

—Parte se utilizó como garantía para préstamos.

Lucía miró a su padre.

Ernesto no pudo sostenerle la mirada.

La reforma de la casa. El primer restaurante. El segundo. La universidad privada de Nuria. Un apartamento en Madrid que Beatriz aseguraba haber comprado con dinero propio.

—Yo no sabía lo de las acciones —dijo Ernesto.

—Pero sí sabías que la finca estaba a mi nombre.

—Sí.

—Y aun así me presionaste para vender.

—Tenía deudas.

—También tenías una hija.

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