PARTE 2: LA CONFESIÓN QUE LO CONDENÓ

Miré aquella imagen.

La mujer llevaba un collar que reconocí inmediatamente.

Era el mismo que Daniel me había regalado cuando nos comprometimos.

—¿Por qué me está enseñando esto? —pregunté temblando.

El detective respiró profundamente.

—Porque Sarah estaba casada con Daniel.

La habitación quedó en silencio.

Entonces Reed colocó una segunda fotografía sobre mi cama.

Mostraba una casa antigua con una viga de madera en el techo.

Y comprendí algo aterrador.

Daniel no había inventado aquella crueldad conmigo.

El detective señaló una anotación en el expediente.

—Sarah también esperaba una niña.

Emily comenzó a llorar.

Pero Reed todavía no había terminado.

—Y hay algo más, Rachel. La persona que nos envió esta fotografía afirma que Sarah sigue viva.

Levanté la cabeza de golpe.

—¿Dónde está?

El detective miró hacia la puerta.

—Eso es precisamente lo que necesitamos averiguar. Porque hace veinte minutos recibimos una llamada desde su propia casa.

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