Mi suegra aventó la maleta de mi mamá al patio y dijo, sin bajar la voz:

Cuando él iba al departamento, mi mamá siempre encontraba una excusa para pedirme que saliera a comprar algo.

Una tarde regresé antes de tiempo y encontré sobre la mesa una carpeta con documentos notariales.

—¿Qué estás arreglando?

Mi mamá cerró la carpeta.

—Cosas que debí resolver hace muchos años.

—¿Qué cosas?

Me tomó la mano.

—Cuando llegue el momento, vas a entender por qué soporté tantas cosas en silencio.

Tres semanas después, mi mamá murió una mañana lluviosa.

El funeral fue sencillo.

Yo ni siquiera invité a la familia de Daniel.

Aun así, Patricia apareció acompañada de mi esposo.

Ni siquiera habían pasado unas horas cuando mi suegra me llevó aparte.

—Cuando termine todo esto, regresas a la casa.

La miré sin comprender.

—¿Eso vino a decirme?

—Daniel es tu esposo. Ya cuidaste a tu mamá hasta el final. Ahora deja de hacer dramas.

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