Mis padres me echaron de casa cuando perdí una pierna; 19 años después aparecieron exigiéndome $18 millones para salvar a la hija que siempre eligieron sobre mí

Sara sabía que mis padres habían regresado, pero yo no le había contado nada sobre Daniela.

—¿Cuándo?

—Ayer.

—¿Qué quería?

Daniela tardó varios segundos en contestar.

—Protegerla a usted.

Aquella respuesta me confundió todavía más.

—Daniela, necesito que me expliques qué está pasando.

Escuché voces al otro lado.

—No puedo hacerlo por teléfono. Fernanda cree que todo estaba en mi computadora de la oficina.

—¿Todo qué?

—Las pruebas.

—¿Dónde están?

Otra pausa.

—Con alguien que sus padres jamás imaginarían.

La llamada se cortó.

Intenté devolverla.

Nada.

Mauricio ya estaba marcando otro número.

—Voy a verificar el hospital.

Mientras hablaba, llamé a Sara.

No contestó.

Volví a marcar.

Nada.

Después llegó un mensaje.

“Mariana, no vengas a mi casa. Te explicaré todo cuando sea seguro.”

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—Mauricio…

Le mostré la pantalla.

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