—No puede ser la misma empresa.
—Cambió de socios, de domicilio y de actividad registrada varias veces. Pero el origen es el mismo.
Me quedé inmóvil.
—¿Mis padres siguen relacionados con ella?
—Indirectamente.
Eso era peor.
Tomé mi teléfono.
—Voy a llamar a mi abogado.
—Hazlo. Y otra cosa, Mariana: no confrontes a tu familia todavía.
Lo miré.
—¿Por qué?
—Porque desde que tus padres fueron a tu departamento, alguien ha estado preguntando cuánto dinero puedes mover rápidamente.
Aquello me dejó fría.
—¿Quién?
—Todavía no lo sé.
Esa noche casi no dormí.
A la mañana siguiente me reuní con mi abogado, Mauricio Salgado, en su despacho.
Mauricio conocía parte de mi historia porque años atrás me había ayudado con asuntos corporativos y con la última etapa de las aclaraciones financieras derivadas del robo de identidad.
Revisó los documentos durante casi una hora.