Alguien comenzó a llorar en la primera fila.
Después otra persona.
Y otra.
Patricia se cubrió el rostro.
El padre de Lara dejó el ramo sobre una silla y se acercó a abrazarme.
—Mi esposa me habló de ti durante años —dijo—. Nunca supimos cómo encontrarte. Gracias por lo que hiciste por nuestra familia.
Yo negué con la cabeza.
—No hice nada extraordinario.
—Quizá para ti no —respondió él—. Pero para nosotros significó mucho.
Marco estaba a mi lado, llorando abiertamente.
Nunca lo había visto llorar así desde que era un niño.
Me rodeó con los brazos.
—Mamá…
Le acaricié la mejilla.
—Estoy aquí, hijo.
—Siempre me dijiste que no teníamos mucho dinero, pero que nunca debíamos olvidar ayudar a los demás.
Sonreí entre lágrimas.
—Porque es verdad.
Me abrazó de nuevo.
—Estoy orgulloso de ti.
Aquellas palabras valieron más que cualquier vestido caro que hubiera podido comprar.