AQUÍ ESTÁ EL VIEJO VESTIDO VERDE QUE SE BURLARON… HASTA QUE LA NOVIA DETUVO LA BODA Y DIJO: “NADIE SE MUEVE HASTA QUE SU MADRE SE PARA A MI LADO”

Me reí suavemente.

—No tienes que hablar así. Vas a recuperarte.

Ella me tomó la mano.

—Prométeme que, cuando tu hijo crezca, le enseñarás a ayudar a los demás.

Miré a Marco, que estaba sentado en el suelo jugando con una caja vacía.

—Eso intentaré.

Nunca volví a ver a Isabel después de que su familia se mudara.

Con los años, olvidé muchos detalles de aquella época.

No porque no me importara lo que había pasado, sino porque la vida siguió avanzando. Mi hijo creció. El mercado siguió abriendo cada mañana. Las cuentas siguieron llegando.

Nunca imaginé que aquellas pequeñas bolsas de verduras terminarían formando parte de la historia de una boda.

En la iglesia, Patricia me tomó las manos.

—Mi hermana nunca olvidó lo que hiciste por ella. Cuando se recuperó, quiso encontrarte para agradecerte, pero nos mudamos y perdimos el contacto. Durante años preguntó por ti cada vez que regresábamos a Puebla.

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