—Quiero una copia de todo —dije.
—Por supuesto. También le recomiendo que no firme ningún documento relacionado con este asunto hasta que reciba asesoría jurídica independiente.
Asentí.
Antes de salir, le pedí que revisara si existían otros movimientos que yo no hubiera autorizado.
Verónica prometió hacerlo.
Apenas llegué a casa, llamé a la licenciada Patricia Méndez, una abogada que había ayudado a Rafael a organizar sus bienes años atrás.
Le expliqué lo ocurrido.
Patricia escuchó sin interrumpirme.
Cuando terminé, dijo:
—Elena, necesito que me envíes las copias. No podemos concluir que haya falsificación solo por una firma que no reconoces, pero sí debemos actuar con prudencia. Vamos a verificar el origen del documento, la notaría y cualquier operación vinculada.
—¿Y si alguien utilizó mis datos?
—Entonces tendremos que establecer quién lo hizo y con qué propósito.