PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

No pidió a su padre que comprara las deudas de Spencer.

No exigió que lo expulsaran de su empresa.

No utilizó la fortuna familiar para convertir una decepción amorosa en una venganza financiera.

Dejó que los procedimientos siguieran su curso.

Su abogada se ocupó del divorcio y de proteger sus derechos.

Raymond respetó su decisión.

Una tarde, mientras tomaban café en la terraza de la casa familiar, él le preguntó:

—¿Te arrepientes de haber ocultado quién eras?

Phoebe reflexionó antes de responder.

—No. Quería saber si alguien podía amarme sin interesarse por mi dinero. Lo que lamento es haber confundido el amor con aguantarlo todo.

Su padre asintió lentamente.

—Tu madre decía algo parecido.

Phoebe sonrió con tristeza.

—Ojalá la hubiera escuchado antes.

—Quizá necesitabas descubrirlo por ti misma.

Él tomó su mano.

—Pero ya no tienes que demostrar nada, hija.

Y por primera vez, Phoebe le creyó.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *