Raymond intervino con calma.
—Mi hija no tiene que demostrar nada para que examinemos una inversión. Y usted no puede convertir una revisión financiera en una disputa matrimonial.
La directora jurídica cerró la carpeta.
—La decisión sobre la financiación queda suspendida hasta que recibamos y verifiquemos las aclaraciones necesarias.
Spencer se quedó mirando la mesa.
Aquel acuerdo era la pieza central de su plan para expandir la empresa.
Sin él, tendría que responder ante su consejo, sus acreedores y sus socios.
—Necesito más tiempo —dijo finalmente.
—Lo tendrá —respondió Raymond—, dentro de los plazos que correspondan. Pero no habrá excepciones por relaciones personales.
La reunión terminó.
No hubo gritos.
No hubo amenazas.
Solo documentos, preguntas y una inversión que ya no estaba garantizada.
Y para Spencer, aquello fue mucho más aterrador que cualquier discusión.
La última conversación de la noche
Phoebe encontró a Spencer en un pasillo vacío.