Quería que sus últimos años fueran tranquilos.
Y alguien había convertido ese regalo en una oportunidad para aprovecharse de ella.
—Quiero que se investigue todo —dije.
Harrison asintió.
—Lo haremos. Pero también quiero que tengas presente algo: no necesitas resolverlo todo hoy. Lo importante es proteger a tu madre y actuar con pruebas.
Respiré profundamente.
—Entonces empecemos por ella.
4. La confesión de mi madre
Encontré a Martha sentada junto a la ventana de la suite del hotel.
Tenía una taza de té entre las manos y llevaba una bata blanca que la enfermera le había ayudado a ponerse.
Cuando me vio entrar, sonrió.
Pero su sonrisa desapareció al notar los documentos que llevaba.
—¿Qué ocurre, cariño?
Me senté a su lado.
—Mamá, necesito preguntarte algo. ¿Firmaste algún documento que le permitiera a Julian utilizar la casa como garantía para pedir un préstamo?