Gabriel me entregó una carpeta.
—Aquí están las cuentas. Todo está documentado.
La abrí.
Por primera vez en años, podía confiar en lo que estaba leyendo.
—¿Por qué hiciste tanto por mí? —pregunté.
Gabriel sonrió.
—Porque sé lo que se siente cuando Adrian consigue que todos crean una mentira.
Dos años después de mi liberación, mi empresa volvió a ser rentable.
El divorcio quedó resuelto.
Adrian y Bianca enfrentaron las consecuencias judiciales de sus actos, y yo continué reclamando los daños económicos que me habían causado.
No recuperé los diecisiete meses que pasé encerrada.
Tampoco recuperé la confianza que alguna vez tuve en mi esposo y en mi mejor amiga.
Pero recuperé mi nombre.
Mi libertad.
Y el derecho de decidir mi futuro.
Hace poco regresé a Tagaytay.
No entré al resort.
Simplemente me detuve frente al camino que conducía a él.