Durante mucho tiempo aquel lugar había representado el momento en que mi vida terminó.
Ahora lo veía de otra manera.
Era el lugar donde dos personas habían intentado destruirme.
Y habían fracasado.
Gabriel estaba a mi lado.
—¿Estás bien? —preguntó.
Asentí.
—Sí. Por fin.
El día que me sentenciaron, Adrian creyó que había ganado.
Tenía a Bianca en sus brazos.
Mi reputación estaba destruida.
Y pensaba que pronto tendría también mi empresa.
Pero cometió un error.
Creyó que, porque había conseguido encerrarme, también podía controlar lo que ocurría afuera.
No sabía que Gabriel estaba siguiendo cada movimiento financiero.
Ni que existía una segunda grabación.
Ni que las mismas personas que habían participado en su plan terminarían declarando contra él.