—Creer durante tantos años que no tenía derecho a hacer preguntas.
Su madre le acarició el rostro.
—Tú siempre tuviste ese derecho, hija. Yo debí darte las respuestas antes.
Valeria la abrazó.
A unos metros, Gabriel y Alejandro conversaban junto a la mesa.
Los dos hombres habían pasado meses intentando reconstruir una relación familiar marcada por secretos, resentimientos y años perdidos.
No todo estaba resuelto.
Pero ya no necesitaban fingir que nada había ocurrido.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, Valeria se apartó un momento para mirar las fotografías que habían colocado sobre una mesa.
Había imágenes de su infancia.
Fotografías de Mariana cuando era joven.
La antigua imagen de Gabriel.
Y una fotografía reciente en la que todos aparecían juntos.
Valeria comprendió entonces qué había significado realmente aquella noche en la habitación 806.
No había sido una historia sobre una mujer que necesitaba demostrar su inocencia o su experiencia.