—Nunca más.
Valeria sonrió ligeramente.
—Bien. Entonces podemos empezar por tomar un café.
Alejandro soltó una risa breve, aliviada.
—Me parece un excelente comienzo.
No hubo una promesa de amor eterno.
No hubo una boda inmediata.
No hubo un beso que borrara todos los errores.
Solo dos personas sentadas frente a frente, aprendiendo a conocerse de nuevo, esta vez sin mentiras.
Y para Valeria, eso era mucho más valioso que cualquier final perfecto.
Un año después
La familia se reunió en un pequeño jardín de Querétaro para celebrar el cumpleaños de Mariana.
Gabriel llevó flores.
Alejandro preparó la comida.
Valeria llevó un pastel que había comprado en la panadería de su barrio.
Durante la celebración, Mariana tomó la mano de su hija.
—¿Sabes qué fue lo más difícil de todo esto? —le preguntó.
Valeria negó con la cabeza.