Alejandro ya estaba sentado cuando ella entró.
Parecía haber envejecido varios años en apenas cuarenta y ocho horas.
—Gracias por venir —dijo.
Valeria se sentó frente a él.
—No he venido porque te haya perdonado. He venido porque quiero respuestas.
—Lo entiendo.
Ella colocó la carta sobre la mesa.
Alejandro la leyó sin interrumpirla.
Cuando llegó a la firma de su padre, sus dedos comenzaron a temblar.
—Mi padre murió hace seis años —murmuró—. Siempre me dijo que Gabriel había abandonado a la familia después de una pelea.
—Mi madre recibió esto.
Alejandro volvió a leer el mensaje.
—No sabía nada.
Valeria lo observó cuidadosamente.
—¿Qué había en la maleta?
Alejandro sacó la memoria USB de su bolsillo.
—Una grabación que encontramos en una caja de seguridad de mi padre. La descubrí hace tres meses, después de que mi abogado me ayudara a revisar documentos antiguos relacionados con la desaparición de Gabriel.