PART 2 ; La carta escondida en el sobre

Confundía las fechas.

Y siempre aseguraba que Señor Oreja había estado presente en la primera cena, aunque Valeria le recordara que el conejo había aparecido después.

Pero nunca olvidaba lo más importante.

Que su padre había aprendido a sonreír otra vez.

Que Valeria había encontrado un hogar sin dejar de ser ella misma.

Y que su madre seguía formando parte de su historia.

Porque aquella casa no se convirtió en un hogar cuando llegó una nueva mujer.

Se convirtió en un hogar cuando sus habitantes comprendieron que podían abrir las puertas al futuro sin cerrar las que conducían a sus recuerdos.

Y así, la mujer que llegó a pagar una deuda terminó descubriendo que la mayor riqueza no estaba en la mansión, ni en las cuentas bancarias, ni en el apellido Montemayor.

Estaba en una mesa donde nadie tenía que ganarse el derecho a sentarse.

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