—¿Qué?
—Que la primera vez que me invitaste a cenar, pensé que estabas siendo amable por lástima.
Alejandro sonrió con tristeza.
—Y yo pensé que estaba intentando cumplir una promesa a un hombre que ya no estaba aquí para pedírmelo.
—Pero no era eso.
—No.
Se acercó un poco más.
—Era el principio de algo que ninguno de los dos sabía nombrar.
Valeria le acarició la mejilla.
—Entonces creo que quiero descubrir qué sigue.
Alejandro sonrió.
Y esta vez, cuando la besó, ella no pensó en deudas, obligaciones ni promesas heredadas.
Pensó en una decisión propia.
En un hombre que había aprendido a respetar sus límites.
En una niña que había encontrado una nueva forma de cariño sin perder el recuerdo de su madre.
Y en una casa que, poco a poco, había dejado de sentirse vacía.
Capítulo 15. Una nueva familia, sin borrar el pasado
Un año después de aquella primera cena, Alejandro le pidió matrimonio.