De sus expectativas.
De cómo organizarían el tiempo entre la fundación, la empresa y las necesidades de Sofía.
También hablaron de algo que a Alejandro le costaba admitir.
Tenía miedo de volver a perder a alguien.
Valeria también tenía miedo.
Pero ambos comprendieron que no podían construir una relación saludable si permitían que el pasado decidiera todas sus acciones.
Una noche, Alejandro invitó a Valeria a cenar.
La casa estaba tranquila.
Sofía había pasado la tarde con sus abuelos maternos y regresaría a la mañana siguiente.
Sobre la mesa había pollo al horno, verduras asadas y pan caliente.
Valeria miró el plato.
Después levantó una ceja.
—¿Otra vez pollo?
Alejandro fingió indignación.
—Es una receta excelente.
—Es la misma receta que preparó la primera noche.
—Precisamente. Es una tradición.
Valeria soltó una carcajada.