Alejandro levantó la mirada.
—¿Tu padre te habló alguna vez de una mujer llamada Elena?
Valeria negó lentamente.
—No.
—¿De un accidente ocurrido hace seis años?
—Tampoco.
Alejandro dobló cuidadosamente la hoja.
Durante un momento pareció luchar contra una decisión que llevaba mucho tiempo posponiendo.
Luego se levantó.
—Ven conmigo. Hay algo que necesito enseñarte.
La condujo hasta un despacho situado al fondo de la casa.
Era una habitación grande, con estanterías de madera oscura, un escritorio de nogal y fotografías familiares que parecían colocadas con una precisión casi dolorosa.
Alejandro abrió un cajón cerrado con llave.
Sacó una carpeta azul.
Dentro había documentos, fotografías y una carta escrita a mano.
La colocó frente a Valeria.
Ella reconoció inmediatamente la letra.
Era la de su padre.
—No puede ser… —susurró.
Alejandro señaló la primera página.
—Tu padre me escribió esto hace seis años. Después de que mi esposa muriera.