La casa se llenó de globos, regalos y niños que corrían por el jardín.
Valeria había ayudado a organizar una pequeña búsqueda del tesoro.
El premio final era una caja llena de libros ilustrados, pinturas y materiales para hacer manualidades.
Sofía estaba encantada.
Cuando llegó la hora de soplar las velas, la niña pidió que Valeria se sentara junto a ella.
—Quiero que estés aquí.
Valeria sonrió.
—Por supuesto.
Alejandro observó la escena desde el otro extremo de la mesa.
Durante meses había sentido que algo estaba cambiando dentro de su casa.
No porque Valeria estuviera sustituyendo a Elena.
Sino porque la presencia de Valeria había añadido una nueva forma de cariño a la vida de Sofía.
Un cariño que no borraba el pasado.
Que no exigía olvidarlo.
Que simplemente permitía que el presente también tuviera momentos felices.