Valeria revisó el mapa de rutas alternativas.
—Si enviamos el vehículo por el camino del norte, tardará demasiado —dijo—. Pero hay una clínica a veinte minutos de la zona que podría almacenar los medicamentos hasta que podamos llegar.
Alejandro llamó a los responsables.
Consiguieron una solución.
Pero, al terminar la jornada, Valeria se dio cuenta de que no había comido desde la mañana.
Alejandro le acercó un sándwich.
—Come.
Ella lo miró con cansancio.
—No tengo hambre.
—No te pregunté si tenías hambre.
Valeria arqueó una ceja.
—¿Siempre es tan mandón?
—Solo cuando la persona que está a mi lado lleva doce horas trabajando y pretende que puede seguir funcionando con café.
Ella soltó una carcajada.
Luego tomó el sándwich.
Mientras comían, Alejandro se quedó mirándola.
—¿Qué ocurre? —preguntó Valeria.
Él tardó unos segundos en responder.
—Elena habría admirado lo que estás haciendo.