Y comprendió que Sofía merecía una verdad contada con cuidado, no un secreto que algún día pudiera descubrir por accidente.
—La conocí durante un momento muy difícil —respondió—. Yo era joven y no sabía mucho sobre cómo ayudar a alguien que estaba herido. Pero intenté acompañarla mientras llegaba la ayuda.
Sofía observó la fotografía.
—¿Tenía miedo?
Valeria respiró profundamente.
—No sé qué sentía exactamente. Pero sé que no estuvo sola.
La niña guardó silencio.
Después apoyó la cabeza en el brazo de Valeria.
—Me gusta pensar que mi mamá no estuvo sola.
Valeria le acarició suavemente el cabello.
—A mí también.
Aquella noche, Alejandro encontró a Sofía dormida junto a Valeria en el sofá, con el álbum abierto sobre las piernas.
Se quedó observándolas desde la puerta.
No sintió celos.
No sintió que alguien estuviera ocupando el lugar de Elena.