—Tenías veintidós años. No eras médica. No podías controlar lo que estaba ocurriendo.
Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—Durante mucho tiempo pensé que, si hubiera sido más rápida, si hubiera sabido cómo ayudarla…
Alejandro se levantó.
No intentó abrazarla sin permiso.
Simplemente se acercó y se quedó a una distancia prudente.
—Valeria, no te voy a decir que entiendo exactamente lo que sentiste aquella noche. No lo sé. Pero sí sé lo que es buscar culpables porque aceptar que no pudiste salvar a alguien parece demasiado doloroso.
Sus ojos se humedecieron.
—Yo hice lo mismo durante años. Me pregunté por qué no estaba con Elena. Por qué había viajado. Por qué no insistí en que se quedara en casa. Ninguna de esas preguntas me devolvió a mi esposa.
Valeria levantó la mirada.
—¿Cómo dejó de culparse?