Se llamaba Mariana Torres.
Me escuchó durante casi una hora sin interrumpirme. Revisó los documentos que Santiago me había entregado y me pidió que reuniera comprobantes de los pagos, transferencias, préstamos y gastos que yo había cubierto durante nuestro matrimonio.
—Valeria, necesito que entiendas algo —me explicó—. Haber ayudado económicamente a tu esposo no significa automáticamente que puedas reclamar cada peso como si fuera una deuda personal. Eso dependerá de las pruebas y de la legislación aplicable. Pero tampoco debes asumir que no tienes derechos solo porque él te haya presentado un acuerdo.
Por primera vez desde la graduación, sentí que podía respirar.
—¿Cree que tengo alguna posibilidad?
—Creo que todavía no tenemos suficiente información para responder. Primero vamos a revisar los bienes, las obligaciones y las condiciones del divorcio. Después decidiremos cómo proceder.
Durante las siguientes semanas reuní todo lo que pude encontrar.