Se quedó callado.
—Me equivoqué.
Agradecí su sinceridad.
Pero también comprendí algo doloroso: no podía esperar que los demás me defendieran siempre. Necesitaba aprender a defenderme yo misma.
Llevé la declaración a Mariana.
Ella la incorporó a la documentación que estaba revisando y determinó qué uso podía tener dentro de las negociaciones y los procedimientos correspondientes.
Por primera vez, Santiago no podía controlar por completo la historia que contaba sobre nuestro matrimonio.
Había documentos.
Había fechas.
Había registros.
Y había personas dispuestas a decir lo que realmente habían visto.
Capítulo 7: El día en que volví a ponerme la bata blanca
Durante todo aquel tiempo, había seguido trabajando.
Al principio lo hice porque necesitaba pagar el alquiler y mis gastos legales.
Después, porque descubrí que no quería pasar el resto de mi vida esperando a que Santiago reconociera mi valor.