Las había guardado porque necesitaba respuestas.
Julian se pasó una mano por la cara.
—Hijo, las cosas son más complicadas de lo que crees.
—Entonces explícamelas.
Su padre abrió la boca.
No dijo nada.
Noah dejó el micrófono sobre la mesa.
—Yo no quiero tu dinero, papá.
Julian lo miró sorprendido.
—¿Qué?
—No quiero una casa grande ni regalos caros. Quería que vinieras a mi partido de fútbol. Quería que me ayudaras con mis tareas. Quería que me llamaras cuando prometías hacerlo.
Su voz comenzó a temblar.
—Y quería que dejaras de hablar mal de mamá porque ella nunca me ha dicho que deje de quererte.
No pude contener las lágrimas.
Noah respiró hondo y volvió a mirar a su padre.
—La tía Elena me ayudó a entender los documentos porque yo no sabía qué significaban. Pero la caja no es para que pierdas tu dinero. Es para que dejes de decir que mamá destruyó nuestra familia.