PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

—¿Todos los registros?

—¿Tienes algún problema con eso?

—Ninguno, señor.

Colgó.

Me quedé mirando la pantalla durante unos segundos.

Después abrí el sistema financiero de la residencia.

Yo mismo había ordenado años atrás que todos los pagos al personal se registraran en una cuenta exclusiva. El dinero destinado a salarios nunca debía mezclarse con los gastos personales de mi familia.

Encontré el nombre de Rosa.

Tres meses de pagos aparecían registrados como completados.

Tres transferencias.

Tres comprobantes.

Y tres firmas digitales de autorización que parecían llevar mi aprobación.

Pero había un detalle.

Yo no había firmado ninguno de aquellos documentos.

Alguien había falsificado mi autorización.

Y eso significaba que no estábamos frente a un simple error administrativo.

Estábamos frente a un delito.

Diez minutos después, Ricardo apareció en mi despacho con una carpeta negra bajo el brazo.

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