PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

—Tu mamá es una mujer sabia —le dije.

Camila sonrió por primera vez.

Y en aquel momento comprendí que la persona más valiente de mi mansión no llevaba diamantes, no tenía un despacho privado ni aparecía en las revistas.

Llevaba un uniforme escolar arrugado y una mochila rosa.

Pasaron varias semanas.

La auditoría reveló más irregularidades de las que habíamos imaginado. Los documentos fueron entregados a los abogados y a las autoridades competentes. Se iniciaron los procedimientos correspondientes para determinar las responsabilidades de cada persona involucrada.

Mi matrimonio con Valeria llegó a un punto de ruptura del que no pudimos regresar. No podía fingir que nada había ocurrido, y ella tampoco podía borrar las decisiones que había tomado.

Con Alejandro fue todavía más difícil.

Seguía siendo mi hijo.

Lo amaba.

Pero entendí que amarlo no significaba pagar sus deudas a escondidas, ocultar sus actos o utilizar mi influencia para evitar que enfrentara las consecuencias.

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