PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

Ricardo miró a Valeria.

Fue apenas un instante.

Pero bastó para que entendiera que ambos estaban esperando que el otro hablara primero.

—Señor —comenzó Ricardo—, yo solamente seguí instrucciones.

—¿De quién?

No respondió.

—¿De quién, Ricardo?

Finalmente señaló a Valeria.

—De la señora.

Mi esposa cerró los ojos.

Sentí una mezcla de rabia y tristeza tan intensa que tuve que apoyarme en el respaldo de una silla.

—¿Y quién falsificó mi firma?

Ricardo bajó la cabeza.

—Yo.

La palabra cayó como una piedra.

—¿Cuántas veces?

—No lo recuerdo exactamente.

—¿Cuántas veces?

—En varias ocasiones.

—¿Y adónde fue el dinero?

Ricardo se pasó una mano por la frente.

—Una parte se utilizó para cubrir gastos que la señora había autorizado. Otra parte fue transferida a una empresa intermediaria.

—¿Qué empresa?

Ricardo abrió la boca.

Pero antes de que pudiera contestar, Valeria gritó:

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