Y entonces recordé el accidente.
No había sido una simple caída accidental al lago Qarun.
Aquel día había descubierto unas transferencias sospechosas relacionadas con una de las empresas familiares. Había discutido con Hisham porque encontré documentos que demostraban que alguien estaba desviando dinero de las propiedades de mi abuelo.
Él me había acompañado a Fayum, asegurándome que necesitábamos hablar tranquilamente.
Pero durante nuestra discusión, alguien me empujó cerca del agua.
Recordaba el frío.
Recordaba haber intentado aferrarme a una roca.
Y recordaba haber visto a Hisham observándome desde la orilla sin hacer nada para ayudarme.
¡Mi accidente no había sido un accidente!
Abrí los ojos de golpe.
Hisham estaba inclinado sobre mí. Dina permanecía detrás de él, pálida.
—¿Yasmine? —preguntó mi marido, fingiendo preocupación—. Cariño, ¿puedes oírme?
Lo miré fijamente.
Por dentro, mi corazón gritaba. Quería levantarme, abofetearlo y preguntarle cómo había podido destruir mi vida de aquella manera.