Seguí sentada en el suelo del garaje durante varios minutos, con aquella fotografía entre las manos.
Harold parecía tener unos diecinueve años. Era inconfundible: el mismo cabello oscuro, la misma forma de mirar a la cámara y aquella pequeña sonrisa que conservó incluso cuando envejeció.
Pero yo no conocía a la joven que estaba a su lado.
Y mucho menos al bebé que sostenía entre los brazos.
Volví a mirar la frase escrita detrás de la fotografía.
«El día en que empezó el secreto que cambiaría nuestras vidas.»
Sentí una punzada en el pecho.
Después de 62 años juntos, creía conocer cada capítulo importante de la vida de mi marido. Sabía cómo había sido su infancia, conocía las historias de sus padres, sus primeros trabajos, sus amigos de juventud y hasta las pequeñas travesuras que había cometido de adolescente.
Pero aquella fotografía demostraba que existía una parte de Harold de la que nunca me había hablado.
Dejé la foto sobre mis rodillas y cogí la siguiente carta.
El sobre tenía mi nombre.
Margaret.
Otra vez, escrito con la letra de Harold.
Lo abrí.
«Antes de seguir leyendo, necesito que sepas algo. Nunca te fui infiel.»
Me quedé inmóvil.
Era como si Harold hubiera sabido exactamente qué sería lo primero que pensaría al encontrar aquella fotografía.
Continué leyendo.
«La mujer de la foto se llamaba Eleanor. La conocí antes de conocerte a ti. Éramos muy jóvenes y durante un tiempo creímos que estábamos enamorados. Entonces Eleanor se quedó embarazada.»
Tuve que detenerme.
Miré otra vez al bebé de la fotografía.
Mi marido había tenido un hijo antes de conocerme.
Sesenta y dos años de matrimonio.
Dos hijos juntos.
Tres nietos.
Y Harold jamás me había dicho que existía otro hijo.
Una mezcla extraña de dolor, incredulidad y rabia comenzó a crecer dentro de mí.
—¿Por qué no me lo dijiste? —susurré al garaje vacío.
Seguí leyendo.
«Cuando nació nuestro hijo, Eleanor y yo intentamos hacer lo correcto. Yo quería casarme con ella y cuidar del niño. Pero nuestras familias se opusieron. Éramos demasiado jóvenes, no teníamos dinero y Eleanor dependía completamente de sus padres.»
La siguiente parte estaba escrita con trazos más temblorosos.
«Su familia decidió marcharse. Me dijeron que Eleanor quería empezar una nueva vida y que no deseaba volver a verme. Durante años creí que ella había tomado esa decisión.»
Debajo había otra fotografía.
Esta vez era solo del bebé.
En el reverso aparecía un nombre:
Thomas.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
Thomas.
El hijo de Harold.
El hermano que mis propios hijos nunca habían sabido que tenían.
Pero todavía quedaban muchas cartas dentro de la caja.
Cogí otra.
Era mucho más antigua.
El papel estaba amarillento y los bordes casi se deshacían entre mis dedos.
No estaba escrita por Harold.
La firma al final decía:
Eleanor.
Comencé a leer.
«Harold, si algún día recibes esta carta, quiero que sepas que nunca quise alejar a Thomas de ti.»