EL SECRETO DEL OTRO BEBÉ

Teresa comenzó a temblar.

—No fue exactamente una confusión.

Alejandro retrocedió.

—¿Qué hiciste?

Mi suegra no respondió.

—¡Mamá, dime qué hiciste!

Ella se desplomó sobre la silla y comenzó a llorar desconsoladamente.

—Yo cambié las pulseras.

El silencio que siguió fue tan profundo que pude escuchar la respiración entrecortada de Mateo.

—¿Qué? —susurré.

Teresa se secó las lágrimas con las manos.

—Aquella noche, después de que nacieran los dos bebés, descubrí que el hijo de Lucía era el nieto que yo siempre había deseado.

Alejandro la miró con horror.

—¿De qué estás hablando?

—Lucía había tenido una relación con tu padre antes de que él muriera. Yo lo descubrí durante su enfermedad. Ella me confesó que el niño podía ser hijo de tu padre.

Mi esposo palideció.

—Eso no significa que fuera mío.

—Lo sé —respondió ella—. Pero yo estaba convencida de que ese niño llevaba la sangre de nuestra familia. Quería que nuestro apellido continuara. Quería un heredero.

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