Sin embargo, encontramos algo inesperado.
En un expediente antiguo aparecía el nombre de una enfermera que había trabajado en maternidad aquella noche: Carmen Salgado.
También había una anotación sobre una incidencia en las identificaciones de dos recién nacidos.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Aquí —dije, señalando el papel—. Aquí está la prueba de que ocurrió algo.
Alejandro leyó el documento varias veces.
—Tenemos que encontrar a esa enfermera.
Dos días después, conseguimos localizarla.
Carmen vivía en las afueras de Guadalajara. Cuando le explicamos el motivo de nuestra visita, se quedó completamente inmóvil.
—Pensé que nunca vendrían a preguntarme por aquello —murmuró.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Recuerda lo que pasó?
La mujer bajó la mirada.
—Recuerdo a la señora Teresa. Recuerdo que me pidió que hiciera algo que jamás debí aceptar. Yo era joven y tenía miedo de perder mi empleo.