—Quiero escuchar la historia completa —dije—. Desde el principio. Sin omitir nada.
Mauricio respiró profundamente.
—Cuando te conocí, yo tenía veintisiete años. Mi padre quería que estudiara administración y asumiera la empresa familiar. Pero yo había pasado toda mi vida rodeado de personas que me trataban como si mi apellido fuera lo único que importaba.
—¿Y por eso me mentiste?
—No. Al principio no.
Me explicó que nos habíamos conocido en una librería del centro de Guadalajara. Yo estaba buscando un libro para mi madre y él había ido a comprar un regalo.
Conversamos durante casi una hora.
Yo le conté que trabajaba como auxiliar administrativa y que soñaba con abrir una pequeña cafetería algún día.
Él me dijo que trabajaba en una empresa de materiales de construcción.
Nunca mencionó su apellido completo.
Se presentó simplemente como Mauricio.