—Sí —respondí finalmente—. Pero ya no puedo quererlo de la misma manera que antes.
Esteban asintió.
—Quizá eso no sea algo malo.
—¿Por qué?
—Porque ahora sabes quién es capaz de ser cuando tiene miedo. Y él está aprendiendo que el amor no le da derecho a esconderse.
Me guardé la fotografía.
Antes de marcharme, Esteban me tomó la mano.
—No permitas que nuestra familia decida tu futuro.
—No lo haré.
Fue la última vez que hablamos a solas.
Esteban murió varias semanas después, rodeado de su familia.
Mauricio estuvo con él hasta el final.
Yo acudí al funeral por respeto a Esteban y para acompañar a mi esposo, pero no fingí que nuestra relación estaba completamente reparada.
No necesitábamos fingir nada más.
Capítulo 11. Doce años después de la boda
El segundo aniversario de mi descubrimiento llegó un martes.
La mañana comenzó como tantas otras.