Miré a Mauricio.
Llevaba el mismo traje negro que había usado aquella mañana. Sin embargo, ahora parecía otra persona.
No era el hombre cansado que yo conocía.
Era un hombre que había pasado años ocultando una vida entera.
—¿Eres hijo de ese hombre? —pregunté.
Mauricio bajó la cabeza.
—Sí.
Sentí una punzada en el pecho.
—¿Y durante doce años me hiciste creer que trabajabas en una constructora?
—Sí.
—¿Me hiciste preparar comida cada mañana para un trabajo que no existía?
—Sí.
—¿Me mentiste cada vez que dijiste que no teníamos dinero?
Mauricio cerró los ojos.
—Sí.
Le di una bofetada.
El sonido resonó frente a la entrada del edificio.
Nadie se movió.
—No vuelvas a decirme que lo hiciste por amor —le advertí—. Porque todavía no sé qué clase de hombre eres.
Mauricio recibió el golpe sin defenderse.
Patricia bajó la mirada.