—Te entregaré todo.
—Y si descubro otra mentira, me iré.
Mauricio tragó saliva.
—Lo entiendo.
Se levantó lentamente.
—¿Puedo despedirme de Emiliano antes de irme?
—Mañana por la mañana. Ahora está dormido.
Asintió y se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, se volvió.
—Daniela, hay algo que quiero que sepas. No espero que vuelvas a confiar en mí porque te diga que te amo. Voy a tener que demostrarte que puedo ser honesto, incluso si eso significa aceptar que quizá ya no quieras estar conmigo.
No respondí.
Cuando cerró la puerta, me senté en el sofá y lloré.
No porque hubiera decidido perdonarlo.
Sino porque, por primera vez en doce años, la verdad estaba sobre la mesa.
Y ahora podía decidir qué hacer con ella.
Capítulo 7. La caída de Rodrigo
Mientras Mauricio y yo intentábamos resolver nuestro matrimonio, la investigación sobre las operaciones de Rodrigo Montenegro avanzó.