Me equivoqué al creer que protegerte significaba mantenerte al margen de todo.
Si alguna vez conoces a una persona vinculada a aquella familia, no la juzgues por su dinero ni por su apellido. Juzga sus actos.
Y recuerda algo: una persona puede equivocarse por miedo, pero solo puede reparar el daño cuando está dispuesta a decir la verdad.
Hay un documento que dejé bajo custodia del notario. No demuestra por sí solo que alguien haya cometido un delito, pero puede ayudarte a comprender lo que ocurrió.
No quiero que utilices esta carta para buscar venganza.
Quiero que la utilices para protegerte.
Con todo mi amor,
Papá».
Al terminar de leer, tenía las mejillas mojadas.
Patricia esperó en silencio.
El notario abrió una caja y sacó un segundo sobre, más pequeño.
Dentro había una copia de un informe financiero y una nota con varios nombres.
Uno de ellos era Rodrigo Montenegro.