—¿Qué dice?
Mauricio levantó la mirada.
—Dice quién iba a quedarse con esta propiedad si Ernesto no pagaba.
Sentí que el aire desaparecía de la habitación.
—¿Quién?
Mauricio giró lentamente la última página hacia mí.
Y cuando vi el nombre, entendí por qué mi padre había estado dispuesto a destruir a sus dos hijas antes que permitir que aquel documento saliera a la luz.