mi hermano no estaba nervioso porque acabara de descubrir mi rango.
Estaba aterrorizado por lo que había dentro de aquella carpeta.
—Almirante, tenemos un problema.
El capitán Arturo Salgado sostenía la carpeta roja contra el pecho.
Mauricio ya no sonreía.
Hacía apenas unos segundos se había burlado de mis insignias frente a toda la tripulación. Ahora miraba aquella carpeta como si supiera exactamente qué había dentro.
—¿Qué problema? —preguntó.
Arturo ni siquiera volteó hacia él.
—Señora, creo que esto debe revisarlo usted personalmente.
Extendió la carpeta.
Mauricio reaccionó de inmediato.
—Eso pertenece a mi área.
Intentó tomarla.
Arturo dio un paso atrás.
Ese pequeño movimiento cambió por completo el ambiente.
—Teniente —dije mirando a mi hermano—, no toque nada.
Mauricio se quedó inmóvil.
No le dije “hermano”.
No le dije “Mau”.
Le hablé como lo que era en ese momento: un oficial bajo inspección.