Era un alto funcionario que años atrás había sido mi superior directo.
El mismo hombre que había recomendado mi primer ascenso importante.
El mismo que conocía a mi padre desde antes de que Mauricio y yo entráramos al servicio.
Y entonces entendí por qué papá había llegado personalmente.
Aquello ya no era una pelea entre hermanos.
Era una investigación que podía alcanzar mucho más arriba.
Tres meses después, las revisiones administrativas seguían abiertas.
No todos los indicios terminaron demostrando delitos; algunos fueron errores, otros incumplimientos administrativos y otros sí requirieron investigación formal. Yo me aparté de cualquier decisión en la que mi parentesco pudiera generar un conflicto y entregué todo lo encontrado a las instancias correspondientes.
Mauricio enfrentó consecuencias por lo que sí había hecho: ocultar el vínculo familiar con el proveedor y permitir irregularidades que nunca debió tolerar.