Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

Abrí el sobre.

Había estados de cuenta, copias de transferencias y fotografías.

En la primera hoja aparecía una cuenta bancaria.

En la segunda, depósitos hechos durante casi cuatro años.

El beneficiario no era papá.

Tampoco Mauricio.

Era una persona cuyo nombre yo conocía.

Alguien que había estado cerca de mi carrera durante años.

Alguien que sabía exactamente cuándo serían las inspecciones.

Levanté la mirada.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Tres semanas.

—¿Por qué no me dijiste?

Papá tragó saliva.

—Porque me amenazó con entregar documentos que harían parecer que tú también estabas involucrada.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Yo?

Papá sacó la última hoja.

Era una copia de una transferencia por $480,000 pesos.

En el concepto aparecía mi nombre completo.

Sandra Owens.

Y un número de cuenta que yo jamás había visto.

Mauricio murmuró:

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