Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

Por eso, aquella mañana, cuando llegué a Manzanillo para una inspección oficial, ignoré tres llamadas suyas.

Ya sabía qué iba a decirme.

“No seas dura con tu hermano.”

“No lo hagas quedar mal.”

“Recuerda que Mauricio es muy orgulloso.”

Lo irónico era que Mauricio sabía perfectamente que habría una inspección.

Mi nombre estaba registrado.

La autorización había sido enviada días antes.

Los responsables del buque tenían preparados expedientes de mantenimiento, reportes de personal y listas de seguridad.

Nada de mi visita era improvisado.

Pero Mauricio aparentemente nunca se había molestado en leer quién encabezaba la comisión.

Cuando me vio acercarme por el muelle, sonrió como si yo hubiera ido a visitarlo sin avisar.

—Miren nada más quién vino —dijo en voz alta—. Mi hermanita.

Algunos marinos intercambiaron miradas.

Yo continué caminando.

Mauricio bajó por la pasarela y se plantó frente a mí.

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