—¿Quién tenía acceso físico al teléfono de Mauricio aquella noche?
Karla consultó otro registro.
—Estamos revisando cámaras.
Quince minutos después apareció el video.
Pasillo administrativo.
23:39.
Una figura entraba al área donde Mauricio había dejado su dispositivo.
El ángulo no permitía ver el rostro.
23:44.
La misma persona salía.
—Busca otra cámara.
Karla cambió de archivo.
En la segunda grabación sí se veía el corredor exterior.
La figura caminó hacia una puerta.
Me acerqué a la pantalla.
Mauricio dejó de respirar.
—No puede ser.
—¿Lo reconoces?
—Sí.
Yo también.
No era papá.
Era el capitán Arturo Salgado.
El mismo hombre que había entregado la carpeta roja.
Todos nos giramos hacia él.
Arturo palideció.
—Almirante, puedo explicarlo.
Mauricio avanzó.
—¡Tú usaste mi teléfono!
—¡No lo toques! —ordené.
Mauricio se detuvo.
Arturo levantó ambas manos.
—Yo entré, sí. Pero no hice las modificaciones.