Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

—¿De verdad quieres saber?

No respondí.

—Porque papá dijo que tú lo juzgarías.

Eso dolió.

—¿Yo?

—Decía que ya eras “la importante de la familia”. Que no quería pedirte ayuda.

Comencé a comprender algunas cosas.

Las llamadas frecuentes.

Los comentarios de papá sobre dinero.

Su obsesión reciente con que Mauricio “tenía futuro”.

Pero nada justificaba documentos alterados.

—¿Y la empresa?

—Un conocido le propuso entrar como socio. Empezaron consiguiendo trabajos pequeños.

—¿Y tú ayudaste?

Mauricio no contestó.

—¿Tú ayudaste?

—Una vez.

—¿Una?

Silencio.

—Mauricio.

—Al principio solo recomendé la empresa.

—Eso ya era algo que debías informar.

—¡Lo sé!

Su voz se quebró.

Era la primera vez que lo veía así.

No como el hermano arrogante.

Como un hombre asustado.

—Después comenzaron a llegar más contratos —continuó—. Yo no decidía adjudicaciones. Pero conocía gente. Hacía llamadas. Nada más.

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