“Tu hermano viene a vivir aquí con sus dos hijos, así que tú te vas. Ya estuvo bueno de mantener a una parásita.”

—La escritura está a nombre de ellos. Pero eso no significa que no existan obligaciones relacionadas con la propiedad.

Mi madre me fulminó con la mirada.

—Tú no tienes derecho a hablar de nuestros asuntos.

Casi me reí.

—¿Después de tres años pagando sus asuntos?

Esteban se volvió hacia mí.

—¿Qué estás diciendo?

Le mostré los comprobantes.

No exageré nada.

Después de que el negocio de mi padre quebró, mis padres habían comenzado a atrasarse con varias obligaciones. Primero fue el predial. Después reparaciones urgentes. Luego un crédito que habían obtenido poniendo la casa como garantía.

Yo no había firmado ese crédito.

Pero durante casi dos años había transferido cada mes una cantidad para ayudarlos a cubrirlo.

Algunas veces eran 12 mil pesos.

Otras, 15 mil.

Cuando había reparaciones, pagaba todavía más.

—Entonces deja de pagarlo —dijo Esteban—. Nosotros nos arreglamos.

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